Yo soy el Individuo

Enseñanza y Sociedad

Camilos y Lanosas

Publicado por Nacho Camino en Diciembre 15, 2009

1. Un sueño de Miguel Espinosa

En el libro del murciano Miguel Espinosa “La fea burguesía” (Alfaguara, 2006) se hace un retrato espléndido de la casta gobernante tardofranquista. En el capítulo 21, Camilo, uno de los gozantes al servicio del Benefactor, describe un sueño que él considera el mejor de cuantos ha tenido en su vida. Acompañado por su reverso, el paria Lanosa, accede a una extensa sala ocupada por una enorme máquina de luces parpadeantes:

“Ésta es la máquina que contiene la relación cerrada de las criaturas que sirven al Benefactor y forman la casta gobernante – expliqué a Lanosa -; se trata de un dispositivo misterioso y perfectísimo, capaz de proporcionar, en décimas de segundo, cualesquier dato sobre los gozantes. Los pequeños casilleros guardan las papeletas donde están inscritos los títulos de los poderosos; las hay de diversos colores; las marrones, por ejemplo, designan a los ministros; ¡míralas arriba! tan aparentemente humildes, resumen cuanto es y cuanto hace un hombre que se sienta junto al Benefactor. Si alojásemos una de tales cartulinas en el buzón adecuado, el ingenio comenzaría a informarnos sobre el alto gozante: los avisos se multiplicarían, las señales amarillas se transmutarían violetas, los marcanúmeros danzarían sin término. [...] Si cojo mi ficha, como adviertes que la cojo, y la hundo en el buzón, la máquina devendrá en éxtasis. ¡Fíjate!”

En el sueño de Camilo, la máquina registra cada detalle del funcionario en la medida en que sus esfuerzos vitales están encaminados a servir al Benefactor. Nada hay fuera de la máquina que merezca ser tenido en consideración: lo que permanece fuera de la máquina es extravagancia, excrecencia, extemporaneidad. Inexistencia.

Así, cuando Camilo insta a Lanosa a introducir una tarjeta con su nombre en el omnisciente aparato, el invento deja de funcionar:

¿Ves, Lanosilla, ves? – exclamé con seguridad -. Al preguntarle sobre mi figura, el juguete pasó de la existencia a la vivencia; mas al interrogarle sobre ti, ha dejado naturalmente de ser, trocándose hierro muerto. Para lo que no es mundo, no hay artefacto, y lo que no está en el artefacto, no está en el mundo”.

Como es natural, al retirar la tarjeta del pobre Lanosa, la máquina se ilumina y vuelve a la vida.

“Esta máquina atesora cuanto vale y cuanto posee sentido, la única realidad. Por eso, al sacar tu ánima de sus entrañas ha vuelto a la existencia”.

2. La Sociedad es la culpable

En el Diario de Sevilla de ayer, tres personas firman un único artículo. Una maestra, un inspector de educación y un catedrático de secundaria. El texto pretende ser crítico con el ROC andaluz, en especial en lo que se refiere al poder plenipotenciario que se concede a los directores. Digo que lo pretende, porque no lo consigue. Su lectura es un encadenado de contradicciones que se cierra con una conclusión de manual de autoayuda. Dos ideas vertebran el breve comentario:

a) Que el factor decisivo del fracaso escolar es “el contexto sociocultural y el nivel de estudios de los padres”. Vieja cantinela que consigue dos objetivos: convertir al individuo en masa y eximir al gobernante (es decir, al gestor) de las responsabilidades últimas de aquel fracaso. De hecho, el sistema educativo vigente “aunque mejorable, no es malo”. Ya que mejorable es cualquier cosa que habita el mundo, ocupémonos de la lítote: lo que “no es malo”, ¿qué es? ¿Regular? ¿Aceptable? ¿Bueno? Cuaquiera de los tres calificativos previos constituye una hipérbole barroca si se emplea para describir nuestro actual cuerpo de leyes y normativas. Lo más gracioso es que, según los autores, si se detrae la variable sociocultural nuestros resultados superarían a Estados Unidos, Dinamarca y Noruega, poniéndonos a la altura de alemanes, franceses y británicos. Ya. Y si el año pasado la Federación Española de Fútbol les hubiera detraído veinte puntos al Barcelona y al Real Madrid (para, pongamos, equilibrar la variable presupuestaria) el Sevilla habría sido Campeón de Liga.

Que cosas así las diga gente con estudios es como para echarse a temblar. Con este ardid trilero, deducen que el sistema no precisa de grandes modificaciones. Quizá olvidan cuál es una de las principales misiones de la Escuela, como es la de ofrecer a los menos favorecidos la posibilidad, no sólo de realizarse como seres humanos, sino de mejorar su situación en el dichoso contexto sociocultural. Los autores invierten a su gusto las relaciones de causa y efecto. De este modo, la conciencia política permanece tranquila: El sistema falla porque la sociedad es ignorante. Jamás se plantea la lectura en sentido contario: La sociedad es ignorante porque el sistema falla. Como ya hemos sugerido, un truco más viejo que el “violín” de Tamariz.

b) La productividad es mala, o de cómo el monstruo neoliberal acecha por doquiera (risas). Sostienen los autores que, de un tiempo a esta parte, se están introduciendo en la Escuela “formas de gestión empresarial y criterios productivistas”. Ah, ¿de veras? Pues a mi instituto no han llegado estas dos plagas de Egipto. Ni a los institutos de mis conocidos. En ellos, nadie pide cuentas del número de suspensos. Y el señor A. lleva siete años llegando tarde a las clases y ahí sigue, campeador. De nuevo, los abajofirmantes confunden churras con merinas. El poder concedido por la administración a los directores no está regido por criterios de eficiencia o productividad, sino de control político-pedagógico. Como los especialistas de secundaria somos particularmente renuentes a  implementar según qué cosas, la Consejería ha decidido que le faltaban tentáculos para doblegarnos. Es con este fin que otorga tales prebendas a los directores, del mismo modo que los nuevos departamentos (evaluación, calidad, formación et alii) no son sino flamantes instrumentos al servicio de un poder que, como ya ha dicho la Consejera andaluza Mar Moreno, aspira a reeducarnos (con simpáticas resonancias maoístas).

Así pues, ¿qué hacer? Según Barrera, Ballesteros y Merchán: “resolver deficiencias elementales que afectan al diario funcionamiento de los centros escolares, generar entusiasmo y complicidad entre los docentes” (aquí es cuando suena la banda sonora de “Verano Azul”).

Pues nada. Entusiásmense ustedes, sean prudentes, pacientes y delicuescentes. Otros estamos buscando una salida, por ejemplo:

3. Deseducativos

Comenzamos con un murciano y cerramos con otro. Muchos ya conocerán este blog colectivo iniciado por el profesor David López Sandoval, el mejor y más completo de cuantos, sobre el asunto que nos ocupa, puedan encontrar en la Red. A disposición del lector están los textos que diagnostican las muchas fallas del sistema. Pero también documentos que sugieren o explicitan alternativas posibles. Nada de entusiasmos y alegres excursiones a la campiña de la tibieza. Lectores y participantes del blog ya han comenzado a demandar que esas propuestas se plasmen en un proyecto de enseñanza redactado por profesores, los Lanosillas hodiernos.

Y no me cabe duda de que así sea, pues deseamos acabar con la férula idiotizante de los Camilos que, al amparo de un nuevo Régimen, aún siguen empeñados en despreciar la inteligencia.

Vale.

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Nacho Camino en Soundclick: Nunca hemos sido modernos

Publicado por Nacho Camino en Diciembre 11, 2009

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Usted es el protagonista

Publicado por Nacho Camino en Diciembre 10, 2009

Muy a menudo, al ciudadano de a pie los problemas de la Enseñanza le llegan asordinados por los tecnicismos o por el tufillo narcótico de la propaganda gubernamental. Sospecha que ocurre algo malo, pero no es capaz de imaginar la magnitud de la tragedia hasta que ésta llama a las puertas de su propia casa en forma de suspensos o sanciones académicas. No es fácil que la mayoría entienda el fracaso educativo como triste corolario de decisiones políticas, pues no alcanza a imaginar cómo éstas pueden influir en el rendimiento escolar de sus hijos. Los vínculos entre ambas realidades no son tan obvios cuando uno desconoce los fríos mecanismos del sistema, y cuando lo único que quiere es que el niño apruebe sus exámenes o, al menos, se comporte como un buen muchacho.

Pues bien, ahí van algunos enxiemplos en román paladino:

Imagine que trabaja como cirujano en un hospital. Usted creería, con razón, que su cometido es operar a los pacientes que pasan por su quirófano. Sin embargo, un día, el Director, que se ha convertido en una figura politizada y plenipotenciaria, le comunica que debe encargarse de elaborar el Plan de Autoprotección del Hospital. Es decir, la seguridad del edificio depende de usted, que se ha pasado media vida entre escalpelos, sacabocados y agujas; y que, por el contrario, nada sabe de planos, cortafuegos o protocolos de evacuación. Pensaría que su Director se ha vuelto loco, o que se ha dado a la bebida. Pero, tarde o temprano, no le quedará más remedio que asumir tan pesada y absurda carga, pues, como ya se ha señalado, la afección del Director no tiene que ver con el potare, sino con su descontrolada potestas. Así que se pasará las noches leyendo, de claro en claro, un sinfín de normativas sobre confinamiento, emergencias y detección de peligros, preguntándose cómo es posible que le haya correspondido tanto honor a quien lo único que sabe sobre evacuaciones tiene que ver con otro tipo, más turbio, de escatologías. Sepa que, si sucede algo (Dios o el Diablo no lo quieran), la mayor responsabilidad recaerá sobre su persona. De modo que más le vale aplicarse y hacer bien éste trabajo, aunque eso signifique hacer mal su trabajo (¿aún recuerda que era usted cirujano?). Es posible que esta ocupación desmesurada y acongojante influya en su rendimiento como profesional de la cirugía. Pero piense que estará contribuyendo a la salvación preventiva de muchas más vidas que la de un simple paciente con el pulmón tiznadito de brea. Ah, y no tema, porque su impagable esfuerzo será exactamente eso: impagado. Confórmese con tener la conciencia tranquila del deber cumplido. Y medio puntito para el concurso de traslados…

Vayamos con otra hipótesis. Sigue usted siendo cirujano del mismo Hospital. El Plan de Autoprotección que debió perpetrar era una chapuza mojoniana de considerables dimensiones, pero, por suerte, contó con la inestimable ayuda de Dios y el Diablo: nada ardió, no hubo seísmo,  no se inmutaron las vigas maestras ni los pilares de la tierra, nadie resultó herido. Bravo.

Sin embargo, el Director tiene nuevos planes para usted. Se le participa que, en virtud del nuevo Reglamento Interno para Hospitales Públicos, su especialidad forma parte de un Área Departamental Integradora que incluye otras especialidades, tales como: Nefrología, Traumatología, Oncología y Bioética. Y que, si las necesidades de personal médico ahogan, está usted facultado para diagnosticar e intervenir en cualesquiera de las categorías citadas. Usted dirá: pero, hombre de dios, si yo soy cirujano, ¿por qué me quiere complicar la vida? A lo que el Director le responderá que el Reglamento pone bien clarito la afinidad de tales disciplinas, y que, no se preocupe, que, total, para lo que saben los enfermos, sus conocimientos generales bastan y sobran a la hora de cumplir con el expediente. De modo que un día operará a corazón abierto, al otro detectará cálculos renales; una semana prescribirá quimioterapia, y a la siguiente participará en una ponencia sobre los límites morales de la manipulación genética en humanos. No va a tener tiempo de aburrirse, ¿a que no?

Bien. Puede usted despertar de esta pesadilla. Ahora vuelva a la realidad y sepa que eso es exactamente lo que ya está ocurriendo en el colegio de sus hijos. Hay, sí, un profesor de Lengua Española que cabecea dormido sobre unos planos que no entiende. Él es quien, por ley, debe garantizar la seguridad de sus vástagos. Por supuesto, ésta no es la única ocupación que le quita el sueño: como la Profesora de Inglés está de baja, desde mañana será el encargado de ilustrar a sus hijos en el idioma de Shakespeare. Sólo hay un problemilla, una nonada: el susodicho Profesor de Lengua Española es de la generación en que se enseñaba Francés, por lo que sus conocimientos en la materia son los de un Apache de los western clásicos. No obstante, el Director ya le ha tranquilizado: “Pero si estos chavales no saben nada, ¿qué problema tienes?” Peor está el de Música (fumador sedentario, proverbial enemigo del jogging, alérgico al deporte y con una ligera y diletante propensión a la bebida….)

Ríe, ufano, el Dire:

- A ése lo he puesto a dar Educación Física.

(Coda surrealista: Discurso de un profesor de la Enseñanza Pública tras años de sufrir los embates de la esquizofrenia legislativa):

P.S.: Somos un gremio adormecido, incapaz de pelear por su dignidad como docentes. ¿Vamos a seguir tragando? Aunque la Ley gane, al menos me gustaría poder decir:

I fought the law,

and the law won.

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Villancico

Publicado por Nacho Camino en Diciembre 8, 2009

Se acaba otro puente de la Constitución. Lo atravesamos, al fin, con la mirada puesta en las fiestas navideñas, ésas que tanta gente dice odiar mientras cuenta los días que faltan para la venida de un borrachín lapón que cruza la noche azotando renos. El tiempo se detiene, y las noticias parecen confinadas en un purgatorio de paredes blancas. En la puerta, una bella enfermera celeste se lleva el índice a los labios para reclamar silencio.

Silencio.

Diciembre es una breve desaceleración de la historia, como si el artificio de la cronología opusiera una fuerza de rozamiento mayor a medida que la máquina sincrónica se aproxima a los cuartos de las campanadas finianuales. Todo se ralentiza, hasta el odio. El cumplimiento del ritual obliga al armisticio. Hoy comamos y bebamos, que mañana ayunaremos.

Y, entretanto, tendrá lugar la ficción de que nada ocurre. Después, chirriarán los goznes de un nuevo año y, aún con un sabor metálico en la lengua, descubriremos que la superficie que pisamos ha dejado de ser una lenta cinta transportadora para regresar a su condición vertiginosa de pendiente. La cuesta de enero es una sima.

En el dulce tránsito de mazapanes y semisecos, muchos olvidaremos las fatigas cotidianas, el fantasma de la crisis, lo que no funciona. Y abrigaremos la humana esperanza de que el año próximo restituirá un apetecido orden cuya exacta definición se nos escapa. Propósitos.

Pero, a la vuelta, el dinosaurio seguirá allí. Travestido, por ejemplo, de funcionario político. Se llevará el índice a los labios y nos reclamará silencio.

Silencio.

(Coda: La suspensión de los acontecimientos es sólo un simulacro. Es muy posible que, en estos días, una mujer se deje morir de hambre por una idea, por defender un derecho. Su actitud ha acabado por resultarnos tan extraña precisamente porque desprecia la tutela de quienes se arrogan el hipócrita deber de alimentarnos. 

A cambio, claro está, de nuestro silencio).

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La lección de Geografía

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 30, 2009

La lección de Geografía 

 

El mapa es vuestra Tierra.

No los valles, los montes, la sorda soledad

de los apriscos.

No el murmullo falaz de los arroyos

ni los niños

que escupen un idioma farisaico.

 

El mapa.

 

No el turbión de las noches sin estrellas

ni la fruta repleta de gusanos.

Tampoco las ciudades invisibles,

las sendas retorcidas o los niños

que ocultan en la sangre un extranjero.

 

El mapa.

 

Los hombres y mujeres que han cruzado

heridos de silencio la frontera,

no los mires. Su lenta procesión,

que no te aflija.

 

Del peso de la rama generosa,

tan pródiga que muere en la abundancia,

terminan por caer algunas nueces.

 

Son cosas de la historia, así que olvida

las frases que te dicta la conciencia.

 

Porque el mapa es lo único

que importa.

Porque es más cierto que el raigón profundo

del árbol milenario.

Más que el tiempo analógico del mito;

feliz como un axioma

de dientes afilados, inocente

como el niño

que aún no ha despertado a la calumnia.

 

Y, así pues:

no la música,

no la danza,

no la vida.

 

Ni las arquitecturas imposibles

ni el fulgor matemático del rayo,

la savia primordial de las auroras

o los niños

que van a suspender en Geografía.

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Gabilondo o el arte de la lidia

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 30, 2009

El metaministro comparece hoy en el foro de El Mundo para encerrarse con unos cuantos Miuras, entre ellos el propio Pedro J., Justino Sinova, Iñaki Gil o Jorge de Esteban. Bien está que Don Ángel se ofrezca a torear en plazas poco propicias. Otra cosa es que cumpla la máxima del gaucho Martín Fierro: “Yo soy toro en mi rodeo/y torazo en rodeo ajeno”. La mezcla de afirmaciones rotundas con circunloquios que las entibian produce en el lector una impresión de que todas las “convicciones” que afirma tener el ministro se ven constantemente rebajadas por razones de oportunidad política.

Dice no contarse ni entre los “eufóricos” que inciensan las virtudes del sistema educativo ni entre los “melodramáticos” que las atacan con pulso escatológico. En esto es muy aristotélico Don Ángel. Lo cual que, en este caso, es lo mismo que no decir nada. Colocando el debate entre dos extremos tan risibles, nadie en su sano juicio va a darse por aludido. Lo que quiere saber el común es si sopesa en la misma medida los argumentos de los partidarios y los de los críticos.

Paloma Díaz Sotero le hace una pregunta muy concreta: “¿Qué aspectos del sistema identifica usted detrás del fracaso escolar?”. Larga cambiada por respuesta. Dice Gabilondo que no se puede aprender sin esfuerzo, que el mérito conduce más lejos que la igualación, que son importantes la exigencia y la disciplina personal. ¡Caramba!, piensa uno, ahora es cuando este hombre nos a va a desvelar los fallos “sistémicos” que impiden el normal desarrollo de las virtudes que con tanto ardor reclama. Pues no. Volvemos al discurso del pasado “autoritario” (a fecha de 2009, en que muchos profesores son hijos de “Naranjito”), de la sociedad educadora, los videojuegos y los valores. Del sistema, nada se dice. Volvemos a situar los problemas sociales en el lugar de los problemas educativos, lo cual es un modo grato de tranquilizar nuestra conciencia.

También afirma: “Todos los informes dicen que el nivel educativo suele estar a la altura de sus profesores”. Oído cocina. Ergo, el sistema vuelve a salir indemne. No importa que las reglas del juego sean absolutamente atrabiliarias, puesto que, si los profesores son buenos, el nivel debería ser parejo. Ya, ministro. Lo que pasa es que si a Morante de la Puebla, un artista según todos los entendidos, le salen por la puerta de toriles dos morlacos en lugar de uno, la destreza del matador no es tanta como para frenar tamaña acometida. Algo análogo, salvando las distancias, a lidiar con un grupo de repetidores que saben que pasarán de curso por el imperativo legal de la promoción automática. Áteme usted esa mosca por el rabo.

Más perlas: “En los países donde, nada más entrar a clase, se pone a los estudiantes a trabajar en grupos, a trabajar en acciones de redacción y comunicación (sic), no tardan tanto tiempo en callarse. Ahora, si la figura del profesor es la de alguien que, puesto allí en pie, les tiene en silencio a todos mirándole, conseguir eso ya lleva un poco más de rato”. Tanta hondura en el diagnóstico resulta abrumadora. La táctica de Gabilondo es la de cualquier político de medio pelo: dibujar escenarios de un maniqueísmo y una simpleza atroces. Según su criterio, el mejor profesor es el que delega todo el proceso de aprendizaje en sus alumnos, por oposición a ese reaccionario que tiene la loca idea de explicar una lección (allí, de pie, el muy soberbio) frente a un auditorio silencioso. Madre mía, madre mía. Que esta burda parodia de lo que significa la transmisión del saber salga de un señor catedrático es como para pensarse muy mucho dedicarse al cultivo de la mente. Obsérvese cómo las perífrasis son aquí sinónimo de eufemismo: “acción de redacción y comunicación”. Que rima con “camión”.

Interesante es el (poco) natural con que despacha el “problema lingüístico” de Cataluña. Dice Gabilondo que “la mejor política lingüística es la Constitución”. A lo que Pedro J. le replica que sí, que tal derecho existe, pero que en Cataluña no se reconoce. A partir de aquí asistimos a una serie de quites angeológicos, consistentes en quitar un artículo y poner una preposición. O viceversa:

Á.G. : Nosotros, hasta donde conocemos, y creo que conocemos lo que hay, sabemos que se estudia el castellano y se estudia el catalán…

P.J.R.: Pero no estamos hablando de lo mismo. Usted es el que ha dicho que existe el derecho a usar el español, no el derecho a aprender el español, que es un deber. [...] En Cataluña se estudia el español – faltaría más -. Pero estamos hablando del derecho a estudiar en español. ¿Va usted a reivindicar [...] ese derecho?

Á.G.: [...] En Cataluña, en los colegios, se habla en castellano y se aprende el castellano.

Fíjense, asimismo, cómo la permutación de los verbos “estudiar”, “aprender” y “hablar” permite al ministro eludir la cuestión, muy concreta, del derecho de los ciudadanos a estudiar en su lengua materna (y oficial). Al final, queda flotando un espeso humo de torpe ilusionista, y el burlador escapa por el burladero.

Hay también sentencias que aplaudimos (pero es un aplauso hueco, porque ya conocemos el truco de prestigio):

Derecho a la diferencia no es diferencia de derechos”

“En la Universidad lo que no se evalúa se devalúa” (¿sólo en la Universidad, mi señor?)

“Sin formación cualificada, uno es carne de ERE”.

“Hacemos leyes demasiado largas”.

Totalmente de acuerdo, ministro. Y, ¿sabe por qué? Porque se ofuscan ustedes en faenas que son puro artificio, pleonasmo y, antes que tauromaquia, logomaquia.

Porque están ustedes de vacaciones permanentes en los cerros.

De Úbeda.

 

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Historia antigua

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 29, 2009

Historia antigua

 

Me enseñasteis el cántaro romano

en el monótono apogeo de la tarde;

suscribiendo, paganos y felices,

con aquel colofón de historia antigua

vuestra orgullosa estampa de anfitriones.

 

Paris y Helena.

 

Pero eso fue después de abrir mis ojos     

al zócalo de mármol serpentino,

el puf minimalista, la cómoda en madera

de iroko y guayacán.

Después de calcinar la barbacoa

con gozo incombustible en cada ofrenda,

y hablar, tal que sofistas lapidarios,

del ámbito político y la bolsa,

del grato paladar de los capones,

de cómo se adelgaza con el tiempo

el músculo mendaz de la utopía.

 

Sólo después de entrechocar las copas

y proponer un brindis

por los vencidos plazos de nuestra juventud,

por los años de guerra o armisticio

que el amor decretaba en primavera.

 

Por aquella mañana

de abril en que encontramos

(supinos, inconscientes arqueólogos)

el ánfora latina en los abismos

vacíos y tartáricos del Metro.

 

Creíamos oír, almas de cántaro,

el eco de unas voces milenarias:

remotos parlamentos en la lengua

desnuda y cadenciosa de las vides.

Sus nombres divulgándose en la escuálida

cerviz de la vasija.

 

Haced memoria.

 

…pudieron ser los dioses del Olimpo

quienes, alguna vez,  

llevándose a la boca el alabastro…

 

La juventud ardía. Y tú, Paris,

el héroe que inspira este relato

(mayor en años, más fuerte y cauteloso)

requeriste el trofeo, como siempre.

 

Que ganases a Helena, es indudable,

lo sancionaba el mito.

 

Por eso, aquella tarde hipotecada

en dar fisonomía al disimulo

estaba ya pensando en escribir

este poema cuando dije

(tendréis que perdonarme mi mal vino)

que todo ya es, en fin,

historia antigua.                                                   

                                        

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El poema inexistente

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 27, 2009

El poema inexistente

 

Este poema, en realidad, no existe,

pues pretende escapar de toda forma

y ser sólo sentido, confesión

de cuantas cosas sucedieron

para no ser nombradas nunca.

Este poema es imposible, y duele

decir que apenas dice nada

en su morosa rotativa de impotencias;

que, si ha nacido, asoma

con los pies por delante,

como un muerto asustado de saberse

muerto en la claridad del mediodía.

 

Su color es un blanco

de palinodia sin excusa (porque

no tiene potestad para quejarse,

porque nadie le ha dado vela, porque

no hay entierro, ni muerto, ni dolientes,

ni túmulos, ni urnas,

ni, claro está, palabras necrológicas

que certifiquen la bondad de lo nonato).

 

Este poema debería hablar de lo innombrable,

y ser así el poema último,

el necesario ajuste

de cuentas con la vida.

Pero se agosta como un fruto

agusanado,

es un canto retráctil que no clava

más aguijón que el de la elipsis perezosa,

que si inocula algún veneno

es apenas un pálido narcótico

para alcanzar la salvación por el silencio;

una vez más,

callar lo imprescindible, seguir alimentando

la mentira.

 

El caso es que el poema se vaya construyendo

poco a poco,

ambicionando cielo mientras desgarra nube,

a tientas acreciéndose en la noche

como una catedral de agua.

A la espera de símbolos que inunden

las mudas galerías sin espejos;

de mentidas reliquias con que colmar los sótanos,

de ardores epifánicos.

 

De la revelación que nadie alcanza

sino cuando su voz ya no es la suya.

 

Y, mientras tanto, dejar que pase el tiempo,

hacerse el loco en las esquinas del sintagma.

Disfrazar la osamenta con vestidos

retóricos que son, al fin y al cabo,

mortaja de un cadáver, de un secreto.

Porque, en verdad, este poema

es un secreto y un cadáver.

Es el cadáver y el secreto

que la forma se lleva hacia la tumba.

Es el poema que no canta:

celosa arqueta de ignominias,

sentina rumorosa del espíritu

en la que se desagua la conciencia.

 

Pero si me preguntan qué agua sucia,

qué frescos lodazales esconde su discurso;

qué muerto muere hoy sin lacrimosas,

qué secreto:

ya dije en el principio que no existe,

ya dije (¿no lo dije?) que no habita

en la intención de estas palabras. Porque

este poema es imposible,

y el misterio no viaja en el presente

desde un pasado incierto, sino que se proyecta

hacia el futuro: es el futuro,

el miedo del futuro.

 

Lo que jamás escucharán

vuestros oídos.

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¿Rebelión? (II): El despertar de la sociedad civil.

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 27, 2009

Leía ayer “Una crisis y cinco errores”, muy recomendable libro de Carlos Rodríguez Braun y Juan Ramón Rallo (LID Editorial Empresarial, 2009). Como reza el antetítulo, el propósito de la obra es “desmontar cinco supuestas causas y falsas soluciones para superar la crisis”. Una de esas “supuestas causas”, señalada con sospechosa unanimidad por políticos de toda ideología, es la que achaca la culpa del actual estado de las cosas al liberalismo. Braun y Rallo explican lo que algunos ya sabemos: que no hay tal liberalismo, sino un Estado creciente que se refleja en el incesante aumento de la presión fiscal, las regulaciones, las políticas redistributivas, la proliferación de funcionarios y la elefantiasis burocrática. Valga como dato, para tantos profesionales ahítos de cumplimentar anexos, que el número de páginas de los Boletines Oficiales (estatales y autonómicos) pasó de 100.000 en 1984 a casi 800.000 en 2008. No es poca glosa para un Estado ausente.

Uno de los argumentos que esgrimen los críticos de esa ficción llamada “capitalismo salvaje” es el aumento de las privatizaciones en los años previos a la crisis. Braun y Rallo matizan:

“[...] en no pocos casos los Estados mantuvieron mecanismos de control en las empresas privatizadas, y asimismo no se puede hablar de una auténtica privatización cuando el Estado privatiza pero no desmonopoliza al conceder privilegios anticompetitivos a algunas empresas, o cuando se reserva el control de las tarifas, tal como sucede con bastantes servicios públicos privatizados. [...] En la prática los gobernantes controlan empresas y mercados, cosa que los agentes y empresarios saben muy bien, y de ahí la práctica generalizada de la presión a las autoridades para obtener favores…”

Puesto que en realidad no hay tal cosa como un retroceso del Estado, ¿a qué obedecen estos cambios de formas políticas? ¿Son irracionales, o arbitrarios? ¿Se deben a un cambio radical de principios? ¿Por qué se privatizan unos servicios y otros no?

A estas preguntas responden Braun y Rallo con un sencillo y eficaz argumento: “la importancia de la legitimación del poder”:

“Ningún Estado, democrático o no, puede mantenerse ante la rebelión abierta de sus súbditos. El poder, por tanto, siempre busca legitimarse. [...] Esto permite explicar la privatización de las empresas públicas, por la sencilla razón de que se había extendido ya en los ochenta un consenso sobre ellas, que solía subrayar aspectos muy negativos: se trataba de gigantes burocráticos notablemente ineficientes y onerosos en manos de mafias políticas y sindicales que hacían allí de su capa un sayo, pero no eran capaces de brindar un servicio mínimamente digno. [...] Cuando el balance de legitimidad se desequilibra, los Estados actúan con racionalidad y se desprenden de aquellas actividades en las cuales el ejercicio de su coacción les reporta más inconvenientes que ventajas”.

Esto fue lo que ocurrió, por ejemplo, con los servicios de telefonía o las líneas aéreas.

Traslademos estas ideas al ámbito de la Enseñanza. Creo no equivocarme mucho si afirmo que el sistema educativo actual es un “gigante burocrático”. Ahí están los BOES, BOJAS y demás Golem de celulosa para atestiguarlo. De hecho, el trabajo de las inspecciones consiste en verificar la corrección normativa de una serie de documentos, la mayoría de ellos completamente inútiles desde un punto de vista funcional. Este furor grafómano se extiende a cualquier actividad que se desarrolle en las escuelas: sanciones, programaciones, planes, actividades, proyectos, grupos de trabajo y hasta planes quinquenales. La peor pesadilla de Bartleby, ni más ni menos.

No creo patinar mucho si califico a este gigante de “ineficiente” y “oneroso”. Su ineficiencia ha sido sancionada por enésima vez en el penúltimo informe europeo¹, por el que se verifica un descenso alarmante en los índices de comprensión lectora a la vez que la tasa de abandono escolar aumenta. Es decir, la institución no cumple siquiera con los servicios mínimos, como es enseñar a leer y a escribir. Forzando el símil, esto sería el equivalente de una compañía que no fuera capaz de instalarles una línea telefónica. ¿Les suena? Y, ¿oneroso? Pues claro: cualquier empresa con una productividad tan baja resulta, no cara, sino carísima. Sobre todo cuando se financia con el dinero de los contribuyentes.

“En manos de mafias políticas y sindicales…” Este sintagma también sugiere un escenario que me resulta familiar. Las reformas educativas son cosa de políticos y sindicalistas, nunca de profesores en activo; a quienes, si por ventura se les pregunta su opinión, es para mejor ningunearlos so pretexto de talante democrático (de nuevo, la desesperada búsqueda de legitimidad política, vulgo querencia al cargo). Unos sindicatos que operan como leales siervos del señor que les paga (y no paga mal: unos 30.000 millones anuales de las antiguas pesetas. Pasta gansa, que diría el castizo). Así, a nadie extrañe el silencio y la cerviz humillada con que asisten a la crisis educativa y a la otra, la Crisis con mayúsculas. ¿Cómo rebelarse contra señor tan pródigo?

Cabría, pues, pensar que el diagnóstico de Braun y Rallo podría hacerse extensible a la Enseñanza española, y que el Estado ha perdido toda la legitimidad como gestor de un servicio que se demuestra, día a día, ineficaz y deficitario. Perder la legitimidad significa, así, perder la confianza de los ciudadanos. Por lo que, se colige, la política también responde a los valores morales de dichos ciudadanos. La pregunta es: ¿ocupa la enseñanza un lugar destacado en esa jerarquía de valores? La respuesta es: por el momento, no. Pero quizá muy pronto empiece a escalar posiciones, precisamente cuando la crisis en muchos sectores económicos limita la inserción laboral de individuos poco cualificados. Ocurre que el Estado, lejos de favorecer esa cualificación, nos lleva en barrena al precipicio. Ocurre que uno de los medios para superar la crisis, como es una buena formación académica, es dinamitado de forma implacable por unos gobernantes incapaces de domesticar el monstruo que ellos mismos han creado.

Hay una esperanza, pues, y no va a nacer de las nobles intenciones de nuestros políticos, sino de las demandas de la sociedad civil. Hora es de que reclamemos, pues es nuestro derecho, la responsabilidad de gobernarnos a nosotros mismos. ¿Asusta? Es posible, pero también entusiasma.

En próximas entradas analizaremos en qué puedan consistir tales demandas.

Sigan con salud.

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1. Les recomiendo vayan a la página 74, donde se puede cotejar el im-pre-sio-nan-te descenso en comprensión lectora de los alumnos españoles, tanto más si se compara con el resto de países.

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Una posible matemática progre

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 26, 2009

Ya hemos hablado en otros artículos acerca de cómo la peor escuela contemporánea prefiere arrumbar los conocimientos para poner en su lugar los, así llamados, “valores”. Dando por hecho que tales valores no merecen siquiera un previo análisis crítico, y resolviendo el problema de los universales con una soberbia facilidad que ya quisiera para sí el mismísimo Noam Chomsky.

En las revistas pedagógicas subvencionadas por la Junta de Andalucía, el exceso de farfolla de este tenor es tan abusivo que uno se pregunta si lo que se enseña reviste alguna importancia frente a la suprema cuestión del cómo. Por lo demás, el cómo siempre gira en torno a los mismos ejes: inclusividad, diversificación, coeducación, aprendizaje cooperativo, interculturalidad, ecologismo. Es decir, todos esos conceptos cuya hipertrofia ha provocado el derrumbe de otros sistemas de enseñanza más allá de nuestras fronteras. Se diría que una suerte de relativismo radical nos hubiese persuadido de que, puesto que la verdad no existe, lo mejor que puede hacerse en la escuela es apostar por los buenos sentimientos y la igualdad a toda costa. El talante crítico está aquí convenientemente excluído, de modo que los valores destacados en negrita no se acompañen de notas al pie que contribuyan a matizar sus bondades¹.

En uno de esos panfletos gubernativos se recoge una Propuesta de Decálogo para Instituciones Escolares del siglo XXI². Lo firma Jurjo Torres Santomé, de la Universidad de La Coruña. Conviene detenerse en el punto 8:

“8. Se fomenta el pensamiento crítico y el ponerse en el lugar del otro en todos los contenidos curriculares con los que se trabaja. Se presta atención a que todas las culturas tradicionalmente silenciadas (mujeres, etnias sin poder, clases trabajadoras, culturas infantiles y juveniles, opciones sexuales diferentes a la heterosexualidad, concepciones ateas y religiosas distintas al cristianismo, ecologismo,…) estén presentes en todos los recursos didácticos de todas las disciplinas y/o núcleos de enseñanza y aprendizaje. En estas instituciones educativas se tratan obligatoriamente los temas social, política y científicamente conflictivos.”

A saber lo que entenderá Don Jurjo por temas conflictivos, pero intuyo que, en estos casos, es mejor no preguntar. Por otra parte, imagínense una programación de Matemáticas de la que se exija el cumplimiento de tales premisas. Figúrense las complicadas digresiones del profesor para relacionar de algún modo las ecuaciones de primer grado con la violencia doméstica o los atávicos ritos nupciales de la raza gitana. Una vez abierta la caja de Pandora, ya no hay marcha atrás: ese mismo profesor tendrá que ingeniárselas para justificar ante sus alumnos la famosa prueba del pañuelo o el que la virginidad antes del matrimonio sea un requisito exigido solamente a la novia. A su vez, esto le permitiría hablar de coeducación con los muchachos, a quienes quizá pueda explicarles que la discriminación de la mujer sólo es nefanda en nuestra inmunda sociedad capitalista, pero no en el seno (o el coseno) de unas minorías étnicas que lo único que ambicionan es conservar las tradiciones de sus ancestros. Habría tocado, al fin, la tecla multiculturalista. Y, aunque es posible que se le ocurrieran severos dictámenes sobre la poco paritaria coyunda de catetos e hipotenusa, aún podría invertir los últimos diez minutos en explicar qué es una incógnita. Ni por ésas: la palabra “incógnita” le haría recordar que el conocimiento es una ilusión, y así se lo participaría a sus alumnos.

Éstos, sin entender nada, se mirarían, divertidos y aliviados, cuando el profesor dijese: “Mirad, mejor quitamos el examen, por elitista y neoliberal, y me rellenáis un par de fichas para mañana.”

 


[1] Por poner un solo ejemplo: La administración andaluza dedicó una partida a comprar copias de “Una verdad incómoda”, el documental ecologista de Al Gore, para su proyección en colegios e institutos. Si de verdad importara el conocimiento se aconsejaría, igualmente, la visión de otros documentales que discuten las tesis de Gore. O, desde hoy mismo, se haría mención al reciente escándalo del CRU, en virtud del cual parece un hecho posible la manipulación y ocultación de datos a manos de quienes defienden el calentamiento global antropogénico.

[2] Andalucía Educativa, Época III, Año IX Nº 60, abril de 2007.

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El poema hermético

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 23, 2009

 

El poema hermético

 

Creí que llegaría un mensajero:

un Hermes taciturno y aburrido

de tantas diligencias misteriosas.

Creí que con mirarle alcanzaría

 

el don de conocer todos los nombres.

 

Aún estoy aquí, durmiendo al raso.

Y en las noches heladas, un aliento

remoto y melancólico me abriga

con la breve sentencia de sus plumas.

 

Hay más encrucijadas

que caminos. 

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Muñecas rusas

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 23, 2009

Lunes, 23 de noviembre de 2009. Diario El Mundo.

La Justicia exige “profesión de fe” para escolarizar a hijos en centros concertados

Las noticias, a menudo, son como esas matrioshkas rusas que  esconden réplicas de sí mismas en su interior. Si nos quedamos en la superficie, la tentación de iniciar un debate sobre la posibilidad de que un Juzgado exija pruebas de fe a los ciudadanos nos retrotraería a oscuras épocas inquisitoriales. Lo que no deja de ser irónico en unos tiempos en que la tribuna laica, a menudo erigida sobre el cadáver de Montesquieu, es mucho más coactiva que cualquier institución religiosa.

Si abrimos la primera muñeca, lo que llegamos a saber es que la decisión, todo lo discutible que se quiera desde un punto de vista jurídico, responde a una realidad bastante más mundana. Dicha sentencia

“acaba de poner coto a la avalancha de demandas de padres solicitando plaza para sus hijos en un centro confesional, que en los últimos años había obligado a ampliar la ratio en no pocas instituciones”.

Por tanto, la sentencia no exige una prueba de fe en todos los casos, sino que trata de establecer un criterio de selección a partir de un hecho probado: que la demanda de estos centros supera con creces la oferta. El que el criterio elegido observe sólidos fundamentos de derecho es un asunto que no vamos a tratar aquí. Pero sí es pertinente señalarlo:

Los padres de la menor escogieron como segunda opción un colegio público. Esto, a ojos del juez, no demuestra una “clara, inequívoca e incondicional voluntad” de que su hija sea educada en un centro religioso. Es decir, aceptar esta alternativa laica como segunda opción es lo que ha provocado que se desestime inicialmente su petición primera y haya debido entrar en un sorteo que, al fin, excluyó de las listas a la hija de los demandantes.

Sigamos desembarazándonos de más figurillas folclóricas. La pregunta es: ¿Por qué tantos padres solicitan plazas en centros concertados? Aún mejor: ¿Por qué unos padres escogen dos opciones en principio antagónicas? Se nos ocurre pensar que acaso no se muevan por principios morales, sino de eficiencia. Que, en caso de ser firmes, son capaces de arrumbar sus convicciones con tal de que los hijos reciban una enseñanza de calidad. Que muchos de ellos buscan escapar de un sistema público deficiente y que, por tanto, otorgan a la naturaleza confesional del centro una importancia de segundo grado en su jerarquía de prioridades.

La verdadera noticia, como suele ocurrir, no se manifiesta en un debate cuasi teológico sobre la probidad de la fe, controversia no menos folclórica que los sarafanes de las muñequitas rusas. Como en la polémica sobre Ciudadanía, crucifijos y demás, la confrontación Iglesia-Estado es la primera matrioshka bajo cuyo perfil torneado y colorista quedan sepultados los verdaderos problemas de la Enseñanza.

Y el principal problema es que muchos ciudadanos empiezan a desconfiar de las garantías pedagógicas de los centros públicos, lanzándose en masa a los colegios de titularidad privada. Pese a todo, muy pocos parecen poner en cuestión la legitimidad del Estado a la hora de ostentar un monopolio tan infructuoso. En lo que se traduce todo esto es en que aquellos colegios que gozan de un cierto prestigio se ven desbordados por una demanda creciente, hasta el punto de que ciertas sentencias parezcan adentrarse, con una primera lectura, en materia mística y hasta soteriológica.

La última muñequita, la que espera al final de sucesivos vientres hinchados por la hipocresía, el “espectáculo” y la falacia, confía en que alguien la rescate y la llame por su nombre.

Libertad.

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El último

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 22, 2009

El humo

(dibujando en el aire

proporciones doradas, rizos,

cúmulos de escoria celeste o espirales

sintácticas o nimbos de tristeza)

te ciñe las jornadas

con el sigilo de una túnica inconsútil.

 

Si no recuerdo mal, fue la otra noche

cuando (burlando el desaliento)

murmuraste:

 

Mañana lo dejo.

 

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El metapoema

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 18, 2009

 

El metapoema

 

Estás leyendo este poema.

 

Otro poema, como si no hubiese

ya bastantes. Comprendo tu recelo:

ambigua es la razón de los poetas,

tan velada y aérea su amenaza

que fueron declarados no hace mucho

mortales enemigos de la polis.

 

Pero eres indulgente y determinas

abrir otra hondonada a la esperanza,

de nuevo penetrar en la sintaxis

hasta uncir los dorados arquetipos

al yugo cautelar de su apariencia.

 

Pretendes resolver la analogía

de los signos, atar cabos, buscar

correspondencias misteriosas.

Llegar a alguna parte, donde sea,

seguro de pagar, en cualquier caso,

el precio de adentrarse en campo ajeno.

 

Tus ojos te delatan: participas

del engaño con muda fruición.

Vas persiguiendo huellas imposibles,

como un explorador el monumento

de una cultura arcaica, tan remota

que acaba confundida con el mito.

 

Tal vez se cimentase su liturgia

en un tiempo anterior a la palabra,

cuando la máquina del mundo ardía,

feroz e indivisible, en las tinieblas

de un eterno presente de antinomias;  

y, claro, así no te es posible, dices,                          

saber a qué designio encomendarte.

 

Pero, ¿qué voy a descubrirte

que no sepas? El arte es experiencia,

y tú le das sentido a cada paso.

Aunque el pie, desviándose del ritmo,

se hunda en los resquicios minerales

del silencio. Aunque a veces se te olvide

que Ítaca es la excusa para el viaje,

y el canto la inaudita circunstancia

de un yo que se desliza hacia el vacío.

 

Dispensas realidad a sus asuntos

(aunque, pensándolo con calma,

¿tenías más opciones que leerlo?)

 

ahora que has leído este poema.

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¿Rebelión? (I)

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 18, 2009

El diagnóstico ya está hecho. Infinidad de libros y artículos denuncian el penoso estado de la Enseñanza española.  Se oyen voces que claman por una huelga indefinida, un golpe en la mesa que consiga virar el rumbo de lo que parece una travesía hacia el abismo. Es hora, nos dicen, de pasar a la acción. Pero al Individuo le resta por satisfacer una duda:  aun suponiendo que una amplia mayoría se sume a esa hipotética huelga, ¿coincidiríamos también a la hora de aplicar el remedio?

Es a partir del análisis que el doctor prescribe la terapia adecuada. Por tanto, recordemos en qué puntos se condensa la crítica de cuantos escribimos sobre la deriva pedagógica.

Escuela comprensiva e itinerario único: café (de recuelo) para todos.

Diagnóstico

1. La rigidez del sistema, ya se sabe, es proverbial. Alumnos con capacidades e intereses muy diversos son obligados a cursar un itinerario común hasta los 16 años. En ese grupo caben niños con patologías severas, alumnos apenas alfabetizados, objetores del estudio y muchachos con vocación universitaria. Este modelo ha fracasado, precisamente, por su afán inclusivo e integrador. Ambas, inclusión e integración, constituyen la pantalla benévola con la que se enmascara un propósito igualitarista. Una igualación que no consiste en preservar para todos los mismos derechos, sino en considerar a los individuos particulares como una masa homogénea de la que se espera idéntica uniformidad en los resultados. 

2. La búsqueda de este raro universal trae como consecuencia un descenso en los niveles de enseñanza, por la lógica dificultad de conciliar ritmos de aprendizaje tan diversos.

Remedio

1. La comprensividad desaparecería con el establecimiento de itinerarios distintos, los suficientes como para satisfacer las necesidades e intereses de cada grupo de individuos: centros de enseñanza especial, centros de formación profesional e institutos de bachillerato. Esta ramificación del sistema tendría lugar después de la etapa Primaria.

2. Otra posible solución, que podría acompañar a la primera, sería la de rebajar la obligatoriedad al menos hasta los 14 años.

Ideología pedagógica

Diagnóstico

1. Un sistema basado en el igualitarismo necesitaba de un discurso pedagógico oficial que se ajustara a sus ideales coercitivos y salvacionistas. Se encontró en los principios que, desde Villar Palasí hasta la LOE, inspiran todas y cada una de las leyes educativas. Ya hemos explicado sobradamente en qué consiste: predominio de los valores sobre el conocimiento, desprestigio y volatilización de las asignaturas “duras”, desaparición del examen como medidor objetivo de los resultados… Una pedagogía así contribuye a la infantilización de la Enseñanza, epidemia que ya comienza a extenderse por las aulas universitarias.

Remedio

1. No ha de haber una pedagogía oficial, ni ésta debe inspirar las leyes educativas. El propio sintagma “pedagogía oficial” es caro a los sistemas totalitarios y a la intromisión de éstos en la vida de los individuos. Por tanto, la pedagogía debe volver a ser una herramienta auxiliar de quien ejerce el magisterio de una disciplina, no un corpus de premisas ideológicas a cuyo molde deben ajustarse materias y docentes al menos tan diversos como los alumnos que integran un aula.

2. Para verificar que la Enseñanza es eficaz, se hace necesario un instrumento de comprobación. Se implantarían exámenes externos al final de cada etapa y ciclo, de cuyos resultados se podría extraer la conveniencia de seguir un itinerario u otro.

Ideología nacionalista

Diagnóstico

1. También se ha analizado el poder coercitivo de las administraciones a la hora de inculcar aquellas ideas que mejor se avienen con sus intereses políticos. Especialmente, en aquellas comunidades con lengua propia y anacrónicos fueros medievales o contemporáneos. Se verifica ese conductismo ideológico en sus planes de estudio, libros de texto y normativas, que tienen como fin “preservar” una lengua minoritaria aun a costa de las libertades individuales.

Remedio

1. Hay quien aboga por una devolución de las competencias al Estado central. Sin embargo, creemos que eso no sería suficiente, pues nada garantiza, como hemos visto, que este u otro gobierno no se valga de los mismos medios para la consecución de los fines que le son más propicios. En cualquier caso, y, como primera medida, es ajustado a derecho que los padres tengan la potestad de decidir en qué lengua quieren que se eduquen sus hijos.

Un síntoma de mejoría: Disciplina

De la aplicación de los primeros remedios habría de seguirse una disminución de los problemas de convivencia en las aulas. Un mayor rigor en lo que es propio de la Enseñanza y una mayor flexibilidad en lo que compete a las decisiones de los individuos debería dar como resultado un ambiente en el que, al verse satisfechas las expectativas de un mayor número de particulares, las tensiones desaparecen. Todo ello contribuiría a acrecentar el prestigio de una institución que, a día de hoy, acarrea el sambenito de incompetente a los ojos del público.

Para acabar de cimentar ese prestigio, la selección de personal debería obervar los mismos principios meritocráticos que se establecen para evaluar a los alumnos. Es precisa una auténtica carrera profesional en la que los docentes más capaces vean reconocido su esfuerzo.

 

Así pues, tenemos:

- Diversificación de itinerarios.

- Exámenes externos.

- Consideración de la obligatoriedad hasta los 14 años.

- Desaparición de un discurso pedagógico oficial.

- Derecho a elegir la lengua oficial que cada familia considere pertinente.

- Procesos eficaces de selección de personal, ajustados a mérito.

- Establecimiento de una auténtica carrera profesional, igualmente basada en criterios meritocráticos.

 

Aunque, naturalmente, se trata de un simple esbozo, ¿cuántos estaríamos dispuestos a ir a la huelga con estas o similares premisas? ¿Qué sindicatos estarían dispuestos a hacerlas suyas? Éstas son mis preguntas.

Una cosa más: los remedios apuntados más arriba no son necesariamente los que el Individuo considera más idóneos. Ni siquiera los que tiene por más éticos. Lo que se ha pretendido es resumir los problemas más acuciantes y proponer una necesaria solución a corto plazo. Creo que la mayor parte de lo expuesto gozaría de un consenso amplio en gran parte de quienes nos dedicamos a este oficio, suficiente como para impulsar las movilizaciones que tantos, incluido el que suscribe, deseamos.

 

Lo que, a título personal, piensa el Individuo, queda para una próxima entrada.

 

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El poema bucólico

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 13, 2009

  

El poema bucólico

                                                                                                                              A María Jesús González e Irene Villa

                                                                                                                                            

 

Fijaos por un instante en el pastor.

 

Madrugado a la escarcha, feliz sobre la roca

que esconde los secretos de la tierra.

Guardando a su pacífico rebaño

de los impuros lobos, cuyas garras

acechan la pureza de la estirpe.

 

Y esa boina, como un interrogante

alzado al limbo.

El vino del país en odres nuevos,

la siringa

que le respinga el alma

y al estilo de Marsias enmudece

el pánfilo mugir de su ganado.

 

Decidme si no es vieja esta retórica

de danzas populares, de atambores;

si el locus no ha perdido, con los años,

la amena condición de sus riberas.

 

Miradlo.

 

Por los prados bravíos, primordiales,

(musitando sus nanas neolíticas

sobre el sordo roncón de los cencerros),

gobierna el vaquerizo la manada.

 

Alguna vez, clamando a lo divino,

lo vemos celebrando su impostura

de extático, piadoso coribante

que baila con atávica grandeza

los ritmos circulares del presente.

 

Y nos hace reír el nemoroso

con el grave,

sombrío soliloquio que recita:

 

…la sangre de mi tierra,

la tierra profanada…

 

Reiríamos a gusto si no fuese

porque el tacto del odre conmemora

la piel fosilizada de los muertos.

Reiríamos a gusto con sus fábulas

de bárbaros y príncipes,

de padres fundadores,

su hacha y su serpiente,  

la jerga parabólica y el chiste,

la jerga parabélica y el chiste

de la sangre que corre, positiva.

 

Miradlo.

 

¿Qué nuevos sacrificios habrá urdido

la parca fantasía que lo arropa?

¿Tendrá sueños? ¡Oh, sí!,

acaso sólo uno,

un sueño de ingeniosas geografías,

de ruinas ancestrales,

de Arcadias endogámicas que engendren

hijos tontos

como herbívoros

de sangre

coagulada.

                                                                                                 

Un dulce gorigori al mediodía.

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El poema con Botas

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 12, 2009

 

 

El poema con Botas

                                                                                                A Víctor Botas, in memoriam. Y a Fabio,  que finge no tenerla.

Cada mañana, Fabio

mastica el filo rubio de las primeras luces.

Así, como un pedazo de pan que no quisiera.

Así, como un ovillo de lana fugitiva.

Abre sus fauces de animal estéril

y bosteza de cara a los espejos,

acaso sin pensar que sea ésta

la penúltima aurora que despunte.

Acaso sin temor de que se ausente

su equívoco reflejo cristalino,

esa imagen

que nunca identifica como suya.

 

Come sin ganas, duerme todo el día.

Quizá debió tener su compañera

cuando, más joven y robusto,

se figuraba un tigre encarcelado.

Pero hoy ha amanecido siendo viejo;

y no es capaz de impresionar a nadie,

y está perdiendo pelo sin respiro.

Y son sus pasos lentos

 

como un peregrinaje hacia la muerte.

 

Si, con terca y empírica crueldad,

no hubiese refutado la experiencia

que en sus ojos de bestia sometida

lata un alma,

palpite una sustancia,

diría que está oliendo su destino,

que un celemín de luz lo ha despertado

a los mundos posibles que él ignora.

 

Así parece cuando mira, absorto,

las sombras que atraviesan el jardín:

procurando apresar cualquier instante

que cruce su nublado entendimiento.

No obstante, un cazador tardío,

débil,

sin otra vocación

que repetirse.

 

Estoy acostumbrado a su mesura,

a que se acerque a mí con el sigilo

de un mar sin oleaje.

                                          Alguna vez,

quizás porque ha perdido facultades,

lo acusa el crepitar de la madera:

pisadas como sal echada al fuego

que ardía con frecuencia en sus pupilas.

 

Y no puedo dejar de preguntarme

qué busca en mi precaria lealtad,

qué debo descifrar en sus palabras

cuando dice:

“Te envidio el privilegio

de no saber ni esperar

nada

de este mundo”.

 

También incognoscible, yo maúllo.

 

Por si acaso.

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Extrema y Dura

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 12, 2009

Extremadura organiza unos talleres en los que enseña a los jóvenes a masturbarse

Extremadura organiza unos talleres en los que enseña a los jóvenes a masturbarse  (Imagen: Junta de Extremadura)

El placer está en tus manos. (Imagen: Junta de Extremadura)

  • La campaña ‘El placer está en tus manos’ aspira a fomentar “la autoexploración sexual” y el “autodescubrimiento de nuestro placer”.
  • La Junta de Extremadura ha invertido 14.000 euros en esta campaña.
  • Los organizadores aseguran que estos talleres de educación sexual servirán para destronar mitos.

Ver noticia aquí.

No hay que dramatizar ni darse al escándalo santurrón. Lo único que quieren nuestros gobernantes es que los jóvenes exploren su cuerpo, toda vez que la prospección en las mentes de los escolares no está dando los resultados apetecidos. Que la efervescente muchachada “autodescubra su propio placer”. Así, es bueno gastarse 14.ooo euros en ilustrar a los chicos acerca de las mejores técnicas masturbatorias. Para ellos: Extrema y Dura. Para ellas: Ancha es Castilla.

Lo primero es lo primero, y si uno no está ducho en los dildos de silicona y los vibradores clitoriales puede decirse que ha salido de la Escuela hecho un pollino; y no un pollastre, como sería menester. Para ello se subcontrata un sex shop del castizo Lavapiés madrileño, que, de paso, oye, se promociona en suelo patrio no ya como una mera tienda de gadgets eróticos, sino como abanderado de la Educación Sexual Progresista. Guay.

¿Qué importa, pues, que los niños no sepan cuál es la capital de Italia, si la única bota chula es la de cuero negro que calza la dominatrix? ¿Qué importa, si la Geografía indispensable empieza en el glande y acaba en el cérvix uterino? En la Escuela del Futuro,  la Enseñanza es sustituida por la Educación, aun a pesar de que la tropa oscurantista y beatona ponga el grito en el cielo. Aquí, los únicos gritos merecedores de crédito no son los de quienes denunciamos el absurdo del sistema educativo, sino los que la sabia manipulación exploratoria arranca de un cuerpo vigoroso.

Y si a alguien le parece mal es que es un retrógrado, un reprimido y hasta es posible que un maltratador en ciernes o de facto. Carcundas que no han pegado un buen polvo en su vida y quieren para los demás una ignorancia de idéntica envergadura (con perdón). Pues miren: no. Lo que quiere el Individuo es que dejen ustedes al menos un hueco a la potestad educadora de los padres, que no se empeñen en tutelar hasta nuestros más íntimos espasmos de gozo, que no dilapiden el dinero en iniciativas de este pelaje. Sobre todo, que no me vendan la moto de que este tipo de cosas constituyen un síntoma de la excelencia y el buen hacer de nuestras administraciones educativas.

Uno, que es ateo y cristiano sin temer a la contradicción, sospecha que la moral laica ha venido a reemplazar a la religiosa pertrechada de su misma preceptiva dogmática. Y no puede evitar el repelús al pensar en Consejeros entraditos en años presentando el programa por el que nuestros zagalones se la pelarán más a gusto: el onanismo institucionalizado,con la anuencia de las sonrisas y los sindicatos verticales.

Desde aquí propongo a Jenna Jameson, “Queen of Porn”, como Catedrática de Autoconocimiento del Medio Físico y la Tierra Media.

Ella sí que sabe.

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ZEMOS MODELNOS

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 12, 2009

Zemos98

El enlace de aquí arriba lo adjuntaba ayer mi colega Antonio Sánchez en la página Deseducativos. He de decir que, en lo que se refiere a asuntos docentes, hacía tiempo no leía una ristra de disparates parecida. ZEMOS es un “colectivo de creación y producción cultural compuesto por un equipo de comunicólogos y tecnólogos de la imagen y el sonido”, según se definen en su página de MySpace. Y bien qué está. Muy cool y muy modelno. Como todo artista que se precie, ZEMOS está subvencionado por el Ayuntamiento de Sevilla, la Junta de Andalucía y el Ministerio de Cultura.

Rabiosa independencia.

Uno, que ha ido a conciertos organizados por ZEMOS (DJ Spooky, Coldcut) y que participa del entusiasmo por el mundo digital, se pregunta qué necesidad había de hacer el ridículo organizando un simposio sobre la Educación (Expandida, que le dicen). Aquí lo único que se expande es la abismal ignorancia de quien escribe los artículos al respecto. Para el tal Pedro Jiménez que firma “La endogamia del sistema educativo”, la frase “Me cago en todas las Academias” es un aforismo. Pues mal que le ha ido a esta difícil suerte literaria si éste es el grado de concisión intelectual al que se aspira. Allá van sus “reflexiones” sobre la Enseñanza:

“Acceder a ser “docente” (con NRP, con nómina, con sueldo…) es un proceso complejo. ¿Tiene sentido que todos los contenidos sean impartidos por gente que en la vida, va a “dominar” todos los conocimientos que se supone que tiene un temario de oposiciones?”

Pregunta, no sólo misteriosa, sino críptica. Veamos. Los temarios de oposiciones son un compendio de un saber específico. Nadie, en la historia de la Enseñanza, ha pretendido que el profesor de Música, por poner un ejemplo, sea un consumado especialista en todos y cada uno de los campos de su disciplina. Es casi imposible que sea un erudito del jazz, el dodecafonismo, el folclore balcánico y la programación de software al mismo tiempo. El oficio de profesor es distinto al de los intelectuales en el sentido de que aquél debe transmitir de una forma condensada las representaciones del mundo que éstos han ido forjando a través de los siglos. El docente no puede dominar todos los campos del saber porque, sencillamente, nadie puede.

“Ahora que las aulas van a tener Internet y que lo importante no es poseer el conocimiento de manera autoritaria ¿vamos a seguir educando entre cuatro paredes? ¿no habría que exigir que “conocimiento del medio” fuera en el propio medio? ¿no habría que exigir que “vida moral y reflexión ética” sea una asignatura de la calle?”

Pese a la declarada incapacidad de los profesores para dominar su materia, resulta que éstos “poseen el conocimiento de forma autoritaria”. De nuevo, la vieja confusión entre autoridad y autoritarismo. Y, con todo, el conocimiento lo posee Internet (¿en qué quedamos?) razón por la cual los muros deben ser derribados y la instrucción ha de salir a la calle. Esto no guarda lógica: si el saber todo está contenido en la Red, lo prudente y juicioso sería no salir de casa ni para comprar el pan. Por lo demás, me gustaría ver cómo explicaría el sr. Jiménez la formación de glaciares, la actividad volcánica y los fenómenos sísmicos “en el mismo medio”. Y sabido es que en la calle le pueden dar a uno sopas con honda en lo que toca a la Ética Nicomaquea y la Teoría de los sentimientos morales…

“Una “comunidad educativa” radica en un contexto, ¿qué relación tiene el centro educativo que estoy viendo ahora mismo a través de mi ventana con los vecinos y vecinas que vivimos cerca? Ninguna.”

Otro lugar común de la progresía: la absorción de la Escuela por la Sociedad. Aquélla debe plegarse a los dictados de ésta y no ofrecer sino lo que la Sociedad demanda. El Individuo queda, así, anulado por una abstracción que le impide ir más allá de las limitaciones impuestas por el “contexto“. La Escuela se creó para hacer a los niños partícipes de una cultura que se ha ido labrando con la imaginación, el talento y el esfuerzo de muchos individuos particulares. No para que esa herencia sea esclava del colectivo o, peor aún, de las modas sociológicas al uso.

Hay muchas más perlas, pero les dejo que las descubran por sí mismos. Dense un paseíto virtual por ZEMOS y disfruten con la alicatada prosa de Pedro Jiménez & Co.

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El poema burocrático

Publicado por Nacho Camino en Noviembre 7, 2009

 

El poema burocrático

                                                                           A Fray Josepho, cantor satírico 

A usted, Interventor de la aporía,

Feliz Gobernador de voluntades,

sabiendo de antemano que no puedo

soñar ni merecer benevolencia,

                           expóngole los hechos como sigue:

 

Perdida mi tarjeta identitaria

(en raras circunstancias que le ahorro)

me encuentro innumerado y como ausente

de todos los registros oficiales.

En fin, que, por descuido o por ensalmo,

mi nombre se ha borrado de la historia

(la cual que, por muy mínima que sea,

es mía y no carece de aventura).

 

Llegado a la debida ventanilla,

apenas apuntado un aspaviento

de muda turbación, casi zozobra,

me dice una muchacha berroqueña

(su roca es la certeza indestructible

que observa en cuanta cláusula profiere)

que no es que no figure, es que no existo,

ni nunca que he existido, ni es posible

que exista en el futuro.

 

Un virus informático es culpable

(ya sabe que el silicio es delicado,

y suele empapuzarse con nonadas)

de habérseme esfumado la existencia.

Y ahora que soy nada y cuanto tengo

son leves capitales de fantasma,

me hallo de tal forma que no hallo

la huella de mi paso por el mundo.

 

Que quien desaparece,

por lo visto,

es un aparecido.

Tiene gracia.

 

No acaba aquí la cosa, porque, ¿sabe?,

mi espíritu es sensible y se resiente

de ver que alrededor todo se torna

sombrío trampantojo.

                                              Lea y juzgue:

 

Descubro en mis amigos desengaño,

pues, siendo como soy una entelequia,

sospechan que sus ojos les traicionan

y toman este cuerpo por hechizo

(son fieles camaradas, pero entienda

que quieran divertirse, en lo posible,

con seres de este lado de la orilla:

humanos de papel y carne y hueso).

 

Mi novia, que es de suyo delicada,

me dice y me maldice que no siente

lo mismo que sentía en el pasado

(no puede soportar que haya fingido

la impropia brevedad de mis caricias;

que sea un impostor de soledades,

capaz de simular el estar vivo).

Y ya me ha amenazado con marcharse

de casa, más por miedo que por rabia,

medrosa ante la extraña maravilla

de ver que me evaporo por las noches.

 

Así que mis jornadas se parecen

al sueño de un artífice bromista:

tan largas como sombra de sudario,

tan cortas como Láquesis resuelva.

 

Bien sé que prevarica si exceptúa,

volviendo a hacer de mí lo que ya era.

Que grande es el favor que me prodiga

si accede a consentirme este capricho

de ser por la manía de servirle

a usted y a cuantos velan por nosotros

(espíritus en regla que se azoran

y pierden, como niños, los papeles)

mas vea que es sincera pesadumbre

la puesta por escrito en esta carta,

plegaria, contrición – si no poema -

que quiero dedicarle, con afecto,

a usted, sea quien sea,

Feliz Interventor de voluntades,

                 

Feroz Gobernador de la aporía.

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